La carrera en una frase
Vivirlo, aunque sea solo una vez en la vida.
Por qué fue especial
Fue mi primera vez corriendo en un desierto.
Mi primera vez en una carrera por etapas.
Mi primera vez en una carrera en autonomía.
Y también mi primera vez después de un abandono, unos meses antes en los 100 km de Millau.
La presión era máxima.
Venía de recibir un baño de realidad. Y la pregunta era clara:
¿voy a ser capaz de acabar?
Iba a cruzar el Atlántico … ¿para no terminar?
Iba a cruzar el Atlántico, llegar hasta la costa del Pacífico en Perú, adentrarme en el desierto de Ica… ¿para no terminar?
Esa pregunta fue el motor de mi preparación. Y también la base de mi estrategia.
Porque aquí no solo corres. Aquí la estretegia lo es todo.
La carrera se disputa en 4 días: 3 etapas y 1 día de descanso.
Durante esos días llevas una mochila con todo lo necesario: ropa, comida, material para cocinar, suplementación.
La organización solo proporciona el agua (unos 10 litros al día) y el bivouac para dormir.
Primera decisión: el material.
Yo tenía claro que quería dormir bien y recuperar bien. Eso implicaba llevar más peso.
Y lo acepté. Ir más lento no era un problema. Acabar, sí era el objetivo.
Y siendo sincero: en arena blanda, nadie corre. Así que esos kilos de más no marcan tanta diferencia si no estás compitiendo delante.
Segunda decisión: la estrategia en carrera.
La arena es una superficie agradable porque no hay impacto, pero es muy exigente.
Te hace ineficiente. Si luchas contra ella, pierdes. Si la aceptas, avanzas.
Pero sobre todo, la arena es invasiva.
Quiere entrar en tus zapatillas.
Y eso hay que evitarlo a toda costa.
Se utilizan polainas que cubren completamente la zapatilla.
Aun así, en las dunas puede entrar arena. Y ahí no hay negociación: hay que parar, quitar la zapatilla y vaciarla.
Si no lo haces, las ampollas están garantizadas.
En el bivouac hay un hospital de campaña. Y cada día, largas colas de corredores con los pies destrozados.
Algunos salen prácticamente vendados como momias.
Las ampollas son uno de los principales motivos de abandono.
Así que fui conservador.
Sin luchar contra la arena.
Parando siempre que entraba arena en las zapatillas.
Tercera decisión: la carrera por etapas.
Aquí cambia todo.
Empiezas a pensar en clasificación, en quién tienes delante, en quién tienes detrás.
Pero yo no miré la clasificación.
La etapa 2 era la larga, unos 60 km. Y con Millau en la cabeza, la estrategia era clara: acabar.
Y así fue.
Al final de esa etapa larga, me encontré en mitad del pelotón, alrededor del puesto 160 de 320.
Casi estaba.
Día de descanso… y última etapa.
Más llana, terreno más firme, unos 22 km.
Descansé bien. Y ahí sí, pude correr.
Terminé entre los 30 primeros de la etapa, lo que me permitió acabar dentro del top 100 global.
Pero más allá del resultado, lo importante fue otra cosa.
En condiciones muy adversas, me demostré que podía acabar.
Y que el abandono en Millau no fue un fracaso… fue aprendizaj.
A quién se la recomendaría
Recomendaría el Half Marathon des Sables a:
- Corredores de trail y de asfalto que quieran vivir una experiencia única.
- Corredores que buscan algo más que una carrera.
- Corredores dispuestos a salir de su zona de confort.
El desierto tiene una belleza indescriptible, de día y de noche.
Y además, en este tipo de eventos te encuentras con auténticos personajes.
Gente que ha corrido en todo el mundo. Ironman, ultras, maratones, expediciones…
Si en una cárcel se juntan atracadores, aquí se juntan corredores con currículum XXL.
Volverás con amistades peligrosas… y con ideas de carreras aún más locas.
¿La volvería a correr?
Sí. Sin lugar a duda.
El tercer tiempo
Fue mundial.
Después de 4 días corriendo en el desierto, sin ducharte, entrar en el hotel Hilton de Paracas fue algo difícil de explicar.
Primero, la ducha.
Luego, la comida.
Y después… barra libre.
Después de días comiendo liofilizados y bebiendo agua templada y durmiendo en el suelo, extrañabamos todo de nuestra vida diara.
¿Un gran momento de felicidad? Fue tomarme una Coca-Cola fría.
La noche fue larga.
Ya habíamos creado vínculos fuertes con muchos corredores, y todos recordaremos ese momento.
Y luego, la cama.
Llevaba cinco noches sin dormir en una cama.
Entre el cansancio, la ducha, la comida y algún pisco sour… dormí como no recordaba.
Un sueño profundo.
De esos que parecen una transición entre dos mundos.
Personas y figuras
- Benoit Olivier, Ben, amigo de la uni, que me permitió participar.
- Nicolas Duplaà.
- Todo el equipo de los Lobos, el grupo de tienda que me acogió en el bivouac. Joaquim, Remy, Vincent etc…
- Y Fluvio, un corredor italiano que conocí allí, 77 años. Uno de los ejemplos que quiero seguir en mi vida de corredor.
Una foto

Aqui en la foto, en medio de la etapa larga, con una de estas amistades «peligrosas» que se ha quedado desde entonces en mi vida: Nicolas Duplaà.
Strava
Etapa 1:
Etapa 2:
Etapa 3:
Más datos
Fecha: 06/12/2018
Mi carrera en el desierto nº 1.

Deja una respuesta